Las
teorías del origen de la vida
Teoría
de la Evolución
Las evidencias del proceso evolutivo son el
conjunto de pruebas que los científicos han reunido para demostrar que la
evolución es un proceso característico de la materia viva y que todos los
organismos que viven en la Tierra descienden de un ancestro común. Las especies
actuales son un estado en el proceso evolutivo, y su riqueza relativa es el
producto de una larga serie de eventos de especiación y de extinción.
La existencia de un ancestro común puede
deducirse a partir de características simples de los organismos. Primero,
existe evidencia proveniente de la biogeografía. El estudio de las áreas de
distribución de las especies muestra que cuanto más alejadas o aisladas están
dos áreas geográficas más diferentes son las especies que las ocupan, aunque
ambas áreas tengan condiciones ecológicas similares (como el ártico y la
Antártida, o la región mediterránea y California). Segundo, la diversidad de la
vida sobre la Tierra no se resuelve en un conjunto de organismos completamente
únicos, sino que los mismos comparten una gran cantidad de similitudes morfológicas.
Teoría
De Selección Natural
Constituye la gran aportación de Charles
Darwin (e, independientemente, por Alfred Russel Wallace), fue posteriormente
reformulada en la actual teoría de la evolución, la Síntesis moderna. En
Biología evolutiva se la suele considerar la principal causa del origen de las
especies y de su adaptación al medio.
La selección natural es un fenómeno esencial
de la evolución con carácter de ley general y que se define como la
reproducción diferencial de los genotipos en el seno de una población
biológica. La formulación clásica de la selección natural establece que las
condiciones de un medio ambiente favorecen o dificultan, es decir, seleccionan
la reproducción de los organismos vivos según sean sus peculiaridades. La selección
natural fue propuesta por Darwin como medio para explicar la evolución
biológica.
Esta explicación parte de dos premisas; la
primera de ellas afirma que entre los descendientes de un organismo hay una
variación ciega (no aleatoria), no determinista, que es en parte heredable. La
segunda premisa sostiene que esta variabilidad puede dar lugar a diferencias de
supervivencia y de éxito reproductor, haciendo que algunas características de
nueva aparición se puedan extender en la población. La acumulación de estos
cambios a lo largo de las generaciones produciría todos los fenómenos
evolutivos.
Teoría
Creacionista o Creacionismo
Todas las formas vivas fueron creadas por
Dios en un acto de creación único. (se basaba en el antiguo y nuevo
testamento).
creacionismo conjunto de creencias,
inspiradas en doctrinas religiosas, según las cuales la Tierra y cada ser vivo
que existe actualmente proviene de un acto de creación por uno o varios seres
divinos, cuyo acto de creación fue llevado a cabo de acuerdo con un propósito
divino.
La creación de Adán, fresco de 1511 de
Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.
Por extensión a esa definición, el adjetivo
«creacionista» se ha aplicado a cualquier opinión o doctrina filosófica o
religiosa que defienda una explicación del origen del mundo basada en uno o más
actos de creación por un dios personal, como lo hacen, por ejemplo, las
religiones del Libro. Por ello, igualmente se denomina creacionismo a los
movimientos pseudocientíficos y religiosos que militan en contra del hecho
evolutivo.
Teoría
Cosmozoica o Panespermia
La vida se origino fuera de nuestro planeta.
Por Svante Arrhenius (premio Nóbel de química 1903) y la abandonó Paul
Becquerel. La fuerza litopanespermia dice que los organismos viajaron por el
espacio protegidos en el interior de meteoritos.
Al inicio del siglo xx (1908), Que habla
sobre el origen de los seres vivos a partir de la llegada de un meteorito que
inoculó formas de vida similares a las bacterias que posteriormente fueron
evolucionando hasta las formas actuales.A ésta teoría también se le conoce como
teoría panspérmicaó de la panspermia.
Teoría
de la Generación Espontánea
Los seres vivos se crearon de la materia
inerte. Francisco Redi: las larvas de la carne provienen de los huevos de las
mosca. Lázaro Spallanzani: los microorganismos se transportaban a través del
air. Louis Pasteur: en el aire hay artos microorganismos que hacen la
descomposición.
Uno de los hombres que se cuestionó el
origen de la vida fue el filósofo griego Aristóteles, quien creía que la vida
podría haber aparecido de forma espontánea. La hipótesis de la generación
espontánea aborda la idea de que la materia no viviente puede originar vida por
sí misma. Aristóteles pensaba que algunas porciones de materia contienen un "principio
activo" y que gracias a él y a ciertas condiciones adecuadas podían
producir un ser vivo. Este principio activo se compara con el concepto de
energía, la cual se considera como una capacidad para la acción. Según
Aristóteles, el huevo poseía ese principio activo, el cual dirigir una serie de
eventos que podía originar la vida, por lo que el huevo de la gallina tenía un
principio activo que lo convertía en pollo, el huevo de pez lo convertía en
pez, y así sucesivamente.
TeoríasCoacervados
Los coacervados pueden también definirse
como un conjunto de moléculas coloidales en las que las moléculas de agua están
rígidamente orientadas respecto a ellas y rodeadas por una película de agua,
que delimitan nítidamente los coacervados del líquido en el cual flotan. El
coacervado es un glóbulo formado de una membrana que tiene en su interior
sustancias químicas; a medida que aumenta su complejidad, el coacervado se
separa del agua formando una unidad independiente, que sin embargo interactúa
con su entorno./font]
Oparín fue el propulsor de esta teoría, en
un principio las sustancias proteicas se hallaban disueltas en una solución más
tarde comenzaron a agruparse entre sí formando moléculas, que se separaron de
la solución a manera de pequeñas gotas que flotaban en el agua (los
coacervados).
Los coacervados absorbían de la solución
acuosa circundante diferentes sustancias orgánicas, aumentando su tamaño y
peso, su estructura interna se desarrolló más rápido en unas, se fue
modificando y perfeccionando en el transcurso de los años, (las de estructura
más sencilla morían) organizándose asi los seres vivos más sencillos. Se supone
que tuvo que haber intervenido un proceso de selección natural en donde uno de
ellos debió poseer.
Teoría
del BinBang
Muchas fueron las suposiciones, y muchas las
equivocaciones, desde la antigüedad se han formulado diversas teorías sobre el
origen del Universo y el de nuestro planeta, teorías que tenían que ver con un
origen sobrenatural, que los seres humanos somos el centro de la creación y del
universo, aseveraciones en su mayoría rechazadas con los hallazgos y
conocimientos actuales.
La teoría de mayor aceptación en nuestro
tiempo y con mayores evidencias, es aquella desarrollada por George Gamow con
base en el descubrimiento, hecho por Edwin Hubble, de que el universo está en
expansión, la llamada teoría del BIN BANG (la Gran Explosión), en el que hace
15.000 millones de años, de la nada absoluta y por mera casualidad, una gran
cantidad de energía hizo explosión, originando el tiempo y el espacio, dicha
energía poco a poco se fue condensando en materia, formando las partículas
subatómicas y los átomos, la materia así formada constituyo las primeras
estrellas, las galaxias, los sistemas solares y los planetas.
Nuestra galaxia (la vía láctea) y el sistema
solar del que formamos parte se conformó hace 12.000 y 4.600 millones de años
respectivamente
Nuestro planeta, La Tierra, el tercer
planeta de nuestro sistema solar, tiene una edad aproximada de 4.500 millones
de años.
Definición
de especie
Una especie es un conjunto formado por cosas
semejantes que tienen uno o más caracteres en común. La palabra proviene del
latín especies y se utiliza en diversos contextos.
Para la zoología y la botánica, las especies
son los grupos en que se dividen los géneros. Los individuos de una misma
especie comparten caracteres genéricos y otros factores que les permiten
asemejarse entre sí y distinguirse del resto de las especies.
León y perro son dos ejemplos de especies
del reino animal. El nombre científico del primero es Panthera leo y pertenece
a la familia de los félidos. El perro o canis lupus familiaris, en cambio,
forma parte de la familia de los cánidos.
Es importante tener en cuenta que muchas
especies se encuentran en peligro de extinción, por lo general por culpa de la
acción humana (la caza, la depredación, la destrucción de su hábitat natural,
etc.). El oso polar es una de las especies que corren riesgo de extinción.
¿Por qué clasificar a las especies?
El objetivo de los observadores y
científicos, a la hora de analizar y clasificar a los diversos organismos que
forman parte de la vida sobre la tierra, es conocer más acerca del propio
planeta, de su pasado y de su posible futuro. A través de la taxonomía es
posible conocer el orden en la diversidad de la vida y las relaciones que se
establecen entre las distintas comunidades y su entorno.
Dentro de la taxonomía los organismos se
organizan de forma jerárquica. Existen diferentes grupos y dentro de ellos
muchos otros, cada uno en un espacio determinado. El grupo principal se conoce
como taxón y el nivel en el que se ubica, categoría.
Los grupos principales son los reinos y
existen cuatro: Hongos (Monera, Protista, Fungí), Plantas (Plantea) y Animales
(Animalia). Dentro de cada uno existen diversas categorías que permiten ubicar
a cada especie de acuerdo a su similitudes y diferencias con otras y a su
historia evolutiva.
De este modo dentro de un reino las especies
se agrupan en géneros, los cuales se dividen en familias. Las familias se
clasifican a su vez en órdenes, estos en clases y las clases en divisiones.
Es importante tener presente que, pese a que
solemos entender como animales a todos los mamíferos o vertebrados, dentro de
este reino existen muchos grupos. Sin ir más lejos, se ha descubierto que
existe un 95% de las hasta ahora conocidas que pertenecen al grupo de los
invertebrados, es decir carentes de vértebra.
Esa necesidad de estudiar el mundo y la vida
en particular data de tiempos ancestrales. Tal es así que el propio Aristóteles,
en el siglo IV AC, hizo una clasificación de animales y vegetales.
Posteriormente, se amplió la misma y,
durante el siglo XVIII, Linné desarrolló la clasificación sistemática; gracias
a al cual se han creado listas extensas de las especies que permiten conocer
sus características y evolución a lo largo del tiempo. Dicha clasificación se
basa en la premisa de que todos los seres vivos pueden agruparse en conjuntos
(niveles) que a su vez pueden ser contenidos por otros (grupos) y mostrar
características semejantes con los que forman parte de su conjunto.
Por ejemplo, dentro del grupo de los
mamíferos se encuentran los primates y todos ellos tienen características en
común que se diferencian claramente de animales que no pertenecen al grupo,
como aves o reptiles
Población:
(del latín tardío populatio,
-ōnis, en latín 'saqueo', 'devastación'3 ) engeografía y sociología es el grupo de personas que viven en un área o espacio geográfico.Población biológica es el conjunto de individuos de la
misma especie que habita una extensión determinada en un momento La evolución
de la población y su crecimiento o decrecimiento,
no solamente están regidos por el balance de nacimientos y muertes, sino
también por el balance migratorio, es decir, la diferencia entre emigración e inmigración;
la esperanza de vida y el solapamiento intergeneracional.6 Otros aspectos del comportamiento
humano de las poblaciones se estudian en sociología, economía y geografía,
en especial en la geografía de la
población, lageografía humana y la ecología del
comportamiento dado.
Para la demografía,
centrada en el estudio estadístico de las población humana
mundial, la población
es un conjunto renovado en el que entran nuevos individuos –por nacimiento oinmigración–
y salen otros –por muerte o emigración–La
población total de un territorio o localidad se determina por procedimientos
estadísticos y mediante el censo de población.
Comunidad:
Una comunidad (del latín communĭtas,
-ātis) es un grupo de individuos que tienen ciertos
elementos en común, tales como el idioma, costumbres, valores, tareas, visión del mundo, edad,
ubicación geográfica (un barrio, por ejemplo),estatus social o roles.
Por lo general, en una comunidad se crea una identidad común, mediante la
diferenciación de otros grupos o comunidades (generalmente por signos o
acciones), que es compartida y elaborada entre sus integrantes y socializada.
Generalmente, una comunidad se une bajo la necesidad o mejora de un objetivo en
común, como puede ser el bien común;
si bien esto no es algo necesario, basta una identidad común para conformar una
comunidad sin la necesidad de un objetivo específico. También se llama
comunidad a un conjunto de animales (o de cualquier otro tipo de vida) que
comparten ciertos elementos.
En términos de administración o de división territorial, una
comunidad puede considerarse una entidad singular de
población, una mancomunidad,
un suburbio,
etc.
En términos de trabajo, una comunidad
es una Cubano y otros
Las utopías suelen ser teorías o credos alrededor
del concepto de comunidad como asociación
voluntaria cuyo
fin es el bien común y con relaciones de tipo igualitarias. Hay muchos ejemplos
y mucha literatura sobre ambos temas 'comunidad' y 'utopía', pero no
necesariamente ambos términos están unidos. Por ejemplo una 'comuna' es una
comunidad y una utopía, el libro de Tomás Moro Utopía es una utopía y una 'misión' es una
comunidad.
La creación práctica de un sistema de
vida con personas que viven juntas no es una casualidad sino una necesidad para
subsistir en el logro de objetivos comunes, otra característica es que debe ser
auto-suficiente en medios de producción y en algunos casos en capacidad de
defensa. Es un grupo autárquico. Probablemente debe incluir muy poca gente para
poderles controlar dentro del territorio. Seguramente el nivel de cambio social
no será muy grande. La interdependencia muy necesaria. El sistema social será
muy obvio y predecible. Los valores pudieran ser opresivos. La especialidad
productiva será básica para poder sobrevivir, habrá muchos bienes que no puedan
ser suplidos por la comunidad y deberán de adquirirse desde fuera de ella. El
tipo de gobernabilidad sería de asamblea y democrático. Tendría un nivel de
servicios mínimo para poder dedicar el mayor número de recursos a la actividad
principal y el número de personas (o familias) que lo componen, probablemente
como máximo de unos pocos cientos.
Ejemplos de comunidades utópicas o comunas fueron las creadas por socialistas utópicos como Charles Fourier, Robert Owen, Étienne Cabet y otros en los Estados Unidos durante
el siglo XIX.
El antropólogo español Javier León ha dedicado un amplio estudio en su
tesis doctoral sobre Comunidades Utópicas de todos los tiempos. Véase su libro
"Apoyo Mutuo y Cooperación en las Comunidades Utópicas".la cunidad es
donde todos avitan la armonía entre familiares amigos y vecinos.
Especiación:
En biología se denomina especiación al
proceso mediante el cual una población de una determinada especie da lugar a
otra u otras especies. El proceso de especiación, a lo largo de 3.800 millones
de años, ha dado origen a una enorme diversidad de organismos, millones de
especies de todos los reinos, que han poblado y pueblan la Tierra casi desde el momento en que se formaron
los primeros mares.
A pesar de que el aislamiento
geográfico juega un papel importante en la mayoría de los casos de especiación
no es el único factor.
El término se aplica a un proceso de
división de clados (cladogénesis) más que el de evolución de una
especie a otra (anagénesis). La
especiación también puede ocurrir artificialmente en la cría de animales o
plantas o en experimentos de laboratorio.
Charles Darwin fue el primero en escribir sobre el
papel de la selección natural en la especiación. Existen investigaciones sobre los
efectos que tiene la selección sexual sobre la especiación pero todavía no
se han podido confirmar definitivamente si esta es una de las causas de la
especiación o no
Teoría
del origen de la vida humana
LOS PRIMEROS HOMINIDOS
La especie humana es relativamente moderna, si se considera que los primeros seres vivos de la Tierra aparecieron hace unos 3.500 millones años, mientras que el primer ancestro humano se remonta a unos cinco millones de años. Los homínidos son aquellas especies muy semejantes al ser humano, anteriores en su evolución al hombre actual. Se han identificado distintos tipos de homínidos con rasgos propios. Si bien se originaros en distintos momentos del paleolítico, se cree que en muchos casos estas especies coexistieron en el tiempo durante muchos años.
Australopitecus:
(austro=sur
phiteco=mono):
Se dice que vivió
hace 5 millones de años atrás aproximadamente y sus restos fósiles han sido
encontrados en África. Tenían una estatura de 1,30 m a 1,50m y un peso máximo
de 50 kg. Los más antiguos habitaban en los bosques, pero luego fueron colonizando
las praderas. Se alimentaban de frutos y vegetales que recolectaban, también de
animales que cazaban o encontraban muertos. Era una especie parecida al
chimpancé, pero que comenzó a caminar regularmente en sus dos pies
Homo habilis
(el hábil):
Se dice vivió hace 3 millones de años atrás aproximadamente, fueron los
primeros representantes del género homo y sus restos también han sido
encontrados en África. Tenían una frente más ancha que el Australopitecus,
dientes menos fuertes, constitución más débil. Vivían en un núcleo familiar y
eran capaces de fabricar herramientas de piedra para desgarrar algún animal o
raspar pieles.
Homo erectus:
(el erguido):
Se dice que vivió hace 1,5 millones
de años atrás, los fósiles de esta especie han sido encontrados en Äfrica,
Europa yAsia, lo que significa que tuvieron una amplia distribución geográfica.
Su capacidad craneana era bastante mayor que la de los homínidos anteriores,
medían 1,70 m y su constitución física era fuerte. Fabricaron herramientas más
variadas, empezaron a protegerse del frío utilizando pieles de animales y
fuego, ya que ellos lo descubrieron.
Homo sapiens:
(El que sabe):
Se dice que vivió
hace 100.000 años atrás aproximadamente, aunque continúa en investigación su
datación exacta, se sabe que este tipo humano corresponde al eslabón previo al
Homo sapiens sapiens, al cual pertenecemos. Eran hombres robustos, con
capacidad craneana similar a la nuestra. Comenzaron a enterrar a los muertos y
llegaron a inventar la agricultura.
Proceso
de humanización
Saber cómo el ser humano ha llegado a
ser lo que es hoy, partiendo de sus más lejanos ancestros, ha despertado
durante siglos la curiosidad de filósofos y científicos. En este trabajo no
intentaremos dibujar un cuadro acabado del proceso de humanización porque ni
siquiera la ciencia lo ha logrado a cabalidad. Se trabaja duro en ello, pero
lograrlo es una tarea ardua. Simplemente intentaremos sintetizar y reflexionar
sobre algunas de las teorías e hipótesis que existen respecto de este tema. Y
lo hacemos, por una razón: el convencimiento de que, si deseamos entender los
mecanismos que se ponen en movimiento para explicar por qué las personas hacen
lo que hacen, debemos buscarlos en su naturaleza básica. Y dónde buscar esa
naturaleza si no es, justamente, en el origen mismo de lo que somos. Muchos
piensan que ha sido en el propio proceso de humanizarnos donde podemos
encontrar las claves para interpretar nuestra conducta.
En concreto, los objetivos que
pretendemos es responder -o más bien proponer respuestas- a las siguientes
interrogantes. Insistimos en lo de proponer respuestas porque la complejidad
del tema y lo polémico que ha sido siempre su tratamiento, nos obliga a ser
cuidadosos. En este tema, más que en otros, conviene recordar una de las ideas
centrales sobre el conocimiento: la verdad absoluta no existe. Así, las
definiciones, las clasificaciones y los conceptos que entregaremos son sólo una
alternativa entre muchas. Pero como alguien decía, para avanzar en el
conocimiento es más importante plantearse las preguntas correctas que las
respuestas. Veamos, entonces, nuestras preguntas.
- Cuáles han sido y
cómo han operado los distintos procesos biológicos y sico-sociales que han
conducido al estado actual de desarrollo del ser humano.
- Cuáles son los
mecanismos más importantes que han hecho posible estos procesos.
- Qué factores son
los que distinguen al ser humano de otros seres vivos, qué papel juegan en
la determinación de nuestras conductas, y qué posibilidades le abren.
El proceso de humanización:
En algún momento, a lo largo de estas transformaciones
morfológicas que hemos descrito en el capítulo anterior, surgen varios fenómenos
que, en su conjunto, pueden considerarse como parte de lo que llamamos
conciencia humana. Lo que deseamos significar con este término es ese conjunto
de procesos mentales que nos hicieron dar un salto en el proceso evolutivo y
distanciarnos -o elevarnos, sostienen algunos- más allá de los otros seres
vivos con los cuales hemos compartido la historia biológica de vida. Pero, como
es de suponer, en este tema empieza a ser más difícil encontrar consensos,
tanto entre los científicos como entre los filósofos. Por lo tanto, lo que
haremos, será presentar distintos ángulos de análisis o distintas visiones del
fenómeno. En cada caso significa poner énfasis en procesos distintos a partir
de los cuales se puede explicar lo que hemos denominado conciencia humana.
Conciencia e inteligencia:
Muchos estudiosos del tema sostienen que es la actividad del
cerebro lo que, ante todo, distingue al Hombre del resto de los seres vivos. A
continuación, analizaremos el fenómeno de la conciencia humana con la mirada o
desde la perspectiva de quienes opinan así.
Si bien la mano y los órganos sensoriales juegan un papel
importante en el proceso de humanización, también es cierto que, al menos los
órganos sensoriales -y en algunos casos incluso la mano- son órganos que poseen
otras especies. ¿Dónde radica entonces la diferencia? Una respuesta
posible es que radica en la extensión y en la complejidad de las
representaciones de estos órganos en el cerebro humano, o más exactamente en la
corteza cerebral. El cerebro humano se distingue de aquel de los primates no
solamente por su volumen sino, y sobre todo, por su complejidad. En un momento
de la evolución, se expande la región frontal del cerebro y esa expansión va
asociada a la frente amplia y despejada que constituye uno de los rasgos
característicos de los humanos. Es importante, entonces, detenerse en aquello
que se aloja en esa zona. La corteza cerebral pre-frontal no es indispensable
para la motricidad ni para la sensibilidad. Tampoco es indispensable para la
inteligencia puesto que ésta es función de toda la corteza cerebral. Esta
afirmación la prueban los innumerables casos en que se ha debido extirpar esta
zona, sin que dichas funciones sufrieran mayor daño. Sin embargo, en esos
mismos casos, han quedado en evidencia importantes alteraciones de
personalidad. Sabemos que la personalidad regula el equilibrio entre lo
instintivo y lo racional. Las alteraciones de las que hablamos, en el caso de
extirpación del lóbulo frontal, tienen que ver, justamente, con un
desequilibrio entre afectividad, por un lado, e inteligencia reflexiva, por
otro y, además, con cierta incapacidad de la persona para proyectarse
adecuadamente en el futuro.
Ello hace suponer que es en la corteza pre-frontal, que
caracteriza sólo a los humanos, donde se realizan las funciones mentales que
permiten equilibrar lo afectivo y lo racional y que hacen posible el accionar
en función de una visión de futuro, valor distintivo del pensamiento humano.
A estas alturas, es difícil poner en duda que la
inteligencia del Hombre es, en buena medida, la expresión o la traducción al
plano funcional de la complejidad neuronal que caracteriza a la corteza
cerebral en su conjunto y, más específicamente, a la corteza pre-frontal.
Esta complejidad neuronal sirve de base a muchos procesos. Recordemos que los
organismos vivos tienen circuitos externos donde se asientan las actividades
que permiten la relación y el equilibrio entre el ser vivo y su medio. Todos
los organismos vivos tienen ese circuito externo. Sólo que aquel que poseen
algunos es más complejo que el de otros. Y, justamente, la complejidad de
dichos circuitos externos depende del nivel evolutivo del ser vivo. En el caso
del homo sapiens, se observa que, aparte de los sentidos, el sistema nervioso
superior tiene un papel cada vez más preponderante en el sistema externo que
hace posible la adaptación al medio. Es decir, las funciones cerebrales se
acrecientan, se vuelven más complejas al aumentar la corteza cerebral y de esta
manera el cerebro se transforma en asiento de los estímulos que provienen del
medio y en el organismo que, por excelencia, los procesa. A partir del
aumento en el volumen y complejidad del cerebro, y en especial del lóbulo
frontal, se observa un proceso ininterrumpido de perfeccionamiento de las funciones
mentales.
En general, la biología y la psicología concuerdan en
atribuir a la capacidad de pensamiento reflexivo, a la inteligencia, un lugar
privilegiado en el proceso de humanización. Quienes ponen a la inteligencia en
el centro de la conciencia humana sostienen que tanto en el dominio emocional y
afectivo como en el plano de las percepciones sensoriales, de las relaciones
motrices y de la adquisición de hábitos, la fosa que separa a los seres humanos
de los no humanos es mucho menos profunda. Quien ama a los animales y ha tenido
larga experiencia junto a ellos, entenderá mejor esta postura. En cambio,
cuando penetramos el dominio de la actividad cerebral, la fosa entre humanos y
no humanos se hace casi infranqueable. Tratemos de aportar algunas precisiones
a estas nociones generales.
La conducta de los animales, observados en su medio, puede
ser calificada de inteligente si entendemos la inteligencia como la capacidad
de adaptación a situaciones externas y de dar respuesta eficiente a los problemas
de sobrevida que plantea el medio al ser vivo. En la medida una especie ha
logrado permanecer, no se ha extinguido, es justamente porque sus miembros han
logrado dar una respuesta efectiva a esas situaciones y problemas. Esta
capacidad de resolución de problemas, de respuesta y adaptación al medio es
común a muchos seres vivos y algunos científicos la denominan inteligencia
específica. Este tipo de inteligencia daría cuenta de aquellos rasgos
adaptativos de comportamiento que están muy ligados a lo orgánico, que son
transmitidos por herencia y que no se modifican sino muy lentamente en la
historia genética de una especie. De allí la denominación de específica que
algunos autores le dan.
Pero la inteligencia humana actúa en un plano diferente. Pierde sus
características orgánicas, se aleja del comportamiento instintivo para
convertirse en lo que algunos denominan inteligencia individual. Porque en la
especie humana es el individuo quien se adapta y no la especie. Aprende,
ciertamente, de y con su especie. Pero cada individuo aprende en función de su
biografía. Sus respuestas son individuales, su comportamiento es personal, su
capacidad de adaptación se desarrolla según su propia biografía y no según la
historia de la humanidad. Esta le da la materia prima; quien la procesa es cada
ser humano. Es decir, la inteligencia humana es la que ha permitido que dos
Hombres no sean intercambiables, por así decirlo. Al mismo tiempo, ese rasgo de
la inteligencia humana hace que cada uno sea responsable de su proceso adaptativo.
La inteligencia individual ha permitido, en otras palabras, que el Hombre se
transforme en Persona, con su valor propio e irreemplazable. En otras palabras,
la inteligencia ha permitido al ser humano pasar de los genérico a lo
individual. Lo ha individualizado. De allí su nombre. Es verdad que la
inteligencia individual, así entendida, no es privativa del Hombre. Aparece
también en algunos de los mamíferos más evolucionados. Sin embargo la
inteligencia no alcanza, entre ellos, el nivel que alcanza en el ser humano; ni
presenta su amplitud y fecundidad. En otras palabras, a la inteligencia
individual de los seres vivos no humanos le falta algún punto de apoyo
fundamental. Ese punto es, para algunos, el lenguaje, para otros lo social y,
para otros, ambos porque están indisolublemente ligados. Pero sobre esto
hablaremos luego.
Sostienen algunos que el desarrollo de la inteligencia individual
ha significado, en el ser humano, el correlativo debilitamiento de la
inteligencia específica o instintiva, sin entrar a calificar si eso ha sido
positivo o negativo para el Hombre. Sostienen, además, que ese desarrollo
aparece, en la historia evolutiva orgánica, estrechamente unido a la aparición
de un centro se asociación denominado neopallium. Este centro sería el que
permite que la conducta de cada individuo se coordine en función de sus
experiencias pasadas, almacenadas en su memoria, las que puede proyectar hacia
el futuro. Hecho este que, como veremos más adelante, marca un salto esencial
en la historia de la humanización. Es decir, con la existencia de este
centro asociativo, al ser humano le es posible formarse una idea de su acción,
del objetivo que persigue y de los medios necesarios para alcanzarlo. Desde el
momento que esto es posible, el Hombre tiene una visión de futuro. En otras
palabras, el neopallium permite al ser humano sustraerse al dominio de la
respuesta automática e inmediata y del instinto como único fundamento de la
conducta.
Hasta aquí, hemos realizado un examen muy general de lo que representa
la inteligencia en el desarrollo humano. Ahora intentaremos explorar niveles
más finos de información que nos permitan definirla mejor y conocer cómo se
originó.
La relación entre el ser humano y el medio
Sabemos ya, a esta altura del análisis, que la vida no se
asienta sólo en la célula como estructura sino en la relación que se da entre
esa célula y su medio extracelular. Recordando a Varela y Maturana, es
importante considerar que el organismo vivo y su medio tienen, cada uno, su
propia estructura y organización. La perspectiva que nos interesa, en este
punto del análisis, es la complejidad de ambas estructuras y cómo esa
complejidad afecta su mutua relación.
En la medida que el ser vivo se hace más complejo en su
estructura -es decir que se individualiza- la heterogeneidad del medio se
transforma en un elemento que potencializa su evolución. Veamos una descripción
más detallada de esta formulación. Se sabe que un medio ambiente homogéneo
asegura la estabilidad de los intercambios bio-físicos que se dan entre dicho
medio y los seres vivos que se desarrollan en él. Pero, al mismo tiempo, el
exceso de homogeneidad estanca el nivel de desarrollo de las funciones del ser
vivo. Por el contrario, un hábitat heterogéneo, con elementos que presentan fuertes
diferencias de estructuras y funciones, hace más difícil la estabilidad de los
intercambios bio-físicos puesto que exige reacomodos permanentes de los
mecanismos adaptativos. Y esa precariedad que surge en los intercambios entre
organismo y medio sólo puede ser neutralizada con un cambio de funciones dentro
de la estructura misma del ser vivo; en ese momento, la estructura
obligadamente se vuelve más compleja. Ello explica cómo se fue complejizando la
estructura del Hombre, proceso que llevó consigo un cambio radical en su
relación con el medio. El ser humano, a diferencia de los otros seres vivos,
tiene pensamiento reflexivo. Ello le permite variar su conducta para adaptarse
a cualquier complejidad o cambio del medio; no necesita cambiar su organismo.
Simplemente acomoda su conducta y con ello no pone en riesgo la existencia de
la especie. Y mientras más heterogéneo es el medio, más importante se vuelve la
función del pensamiento reflexivo, como mecanismo adaptativo y como fuente de
evolución del ser humano. Dicho de otra manera, el proceso de adaptación
al medio no opera en el ser humano de la misma forma que opera en el resto de
los seres vivos. Por el hecho de poseer pensamiento reflexivo -y esto lo
veremos en detalle más adelante- el ser humano es capaz de dominar muchas de
sus propias variaciones y, al hacerlo así, se vuelve autónomo respecto de las
variaciones del medio. Esta es una característica propia de la adaptación
específicamente humana. Lo anterior nos permite afirmar que entre el ser humano
y el medio nace un nuevo tipo de relaciones: cognoscitivas o de conocimiento.
Veamos ahora qué tiene de particular esta nueva relación que
se da entre el ser humano y el medio. Cuando decimos que el ser humano se
vuelve autónomo respecto del medio, lo que estamos afirmando, en el fondo, es
que ante cada situación que el medio le impone, el individuo tiene varios
campos de acción, tiene varias opciones de conducta posibles. Ya no es
necesario que responda instintiva o automáticamente. Ahora es capaz de generar
tiempo y espacio entre el estímulo y la respuesta, tiempo y espacio que es
ocupado por la actividad reflexiva. De esta manera su conducta se transforma en
voluntaria, opcional, liberándose del determinismo que rige las relaciones
directas entre organismo vivo y medio. El ser humano opera con relaciones de
autonomía respecto del medio porque dichas relaciones están mediadas por el
pensamiento reflexivo. Tal autonomía se acrecienta con la complejización de las
funciones mentales. Todo ocurre de manera tal que, a medida que los sentidos,
en tanto reguladores de la relación con el medio, pierden importancia y su
función reguladora es reemplazada por la actividad del sistema nervioso
superior, y principalmente de la corteza cerebral, el organismo gana en independencia
respecto al medio. Se llega sí a una comprobación cuyos alcances se detienen
sólo en el pensamiento. A partir de este momento, en el proceso de evolución
que conduce a la humanización, la adaptación ya no se produce prioritariamente
frente a situaciones naturales, por llamarlas de algún modo, sino frente a
situaciones creadas, situaciones que son producto de la actividad intencionada
del ser vivo.
En otras palabras, desde la perspectiva del ser humano, el medio
se transforma, al mismo tiempo, en una consecuencia de su actividad y en causa
de la misma. De esta manera, el surgimiento del pensamiento abstracto ha
generado un nuevo orden de cosas.
En primer lugar, y ya lo decíamos, el pensamiento abstracto
da origen a un grado de autonomía del individuo respecto de su medio,
cualitativamente diferente al de cualquiera otra especie. Desde el punto
de vista estrictamente biológico -de la continuidad de los fenómenos vitales-
esta autonomía no representa una clara ventaja para el ser vivo pues lo pone
ante una decisión que cae, en sus consecuencias, dentro de lo probable o
improbable y no de la certeza.
El hecho de poder decidir la conducta introduce, por así decirlo,
un elemento aleatorio en la respuesta adaptativa. Es decir, la respuesta puede
ser eficaz y conducir a la adaptación o puede desembocar en situaciones de
desequilibrio que dañen su estructura. El ser vivo poco evolucionado reacciona
instintivamente y esa reacción se orienta, de manera genética, a su
supervivencia. No se arriesga. Pero tampoco construye. El ser humano crea y, al
crear, se arriesga. Pero también al crear, acelera enormemente su propio
proceso de desarrollo como especie.
En segundo lugar, la autonomía que proporciona el
pensamiento traslada el proceso de adaptación al medio ambiente desde el
dominio de la especie al dominio del individuo. La adaptación ya no consiste en
un conjunto de procesos físico-químicos que permiten un intercambio equilibrado
entre ser vivo y medio. Se ha dado un salto cualitativo. Ahora, la experiencia
del individuo suplanta a la experiencia de la especie, la cual pasa a ser una
referencia pero sobre la cual hay opción, voluntad de escoger. El papel del
individuo se acrecienta y sobre la enorme gama de posibilidades generales
de su especie, se destacan sus capacidades particulares. Con ello ha surgido el
fenómeno, tan absoluta y esencialmente humano: el de la responsabilidad
individual, el de la posibilidad de auto-responsabilizarse por la propia
supervivencia. El cerebro regula la relación del individuo con el medio; le
permite adaptarse al medio con flexibilidad. Para lograrlo, la función del
pensamiento procesa los distintos estímulos que provienen del medio y para ello
se sirve del enorme reservorio que constituye la memoria, sea ésta biológica o no.
Tiene una base sólida para la acción. Pero debe decidir, optar. Y la opción es
sólo suya. El es responsable de sus consecuencias.
Volvamos a la base biológica que posibilita todo esto. El
sistema nervioso superior, y el cerebro en particular, se constituyen en un
elemento regulador que posee, biológicamente, múltiples interconexiones que se
estructuran a partir de la red de neuronas. En esa red se asienta, físicamente,
la capacidad del pensamiento reflexivo y, con ello, de la autonomía respecto al
medio que posee el ser humano. De esta manera el ser humano, al
autoconstruirse como especie, construye y luego fortalece un organismo
regulador del proceso de adaptación al medio, el sistema nervioso, tanto el
simpático como el cerebro-espinal. Este sistema controla y dirige la actividad
de los otros órganos que constituyen al ser humano y, por supuesto, de aquellos
que lo relacionan con el medio. Se puede decir que el sistema nervioso está
predeterminado biológicamente por la especificidad del género humano. Sólo
este, como especie, tiene un cerebro que permite la autonomía de la relación
con el medio. Otras especies no lo lograron. A su vez, el propio sistema
nervioso se convierte en autónomo cuando empieza a operar su propia
funcionalidad.
Porque en ese momento esa funcionalidad es transformada en
pensamiento. Este, a su vez, sobre la base de sus estructuras y de su
fisiología, resulta ser empírico en el sentido de que varía en función de los
cambios que se operan en el medio. Es decir, el pensamiento cambia, cuando
cambia el medio; o al menos tiene la posibilidad de hacerlo. Y como el
cambio a nivel del pensamiento no entraña cambios orgánicos, el ser humano ha
conquistado un mecanismo adaptativo especialmente eficiente y rápido. Los
cambios que otras especies deben realizar durante cientos de generaciones para
dar una respuesta adaptativa a algún cambio en el medio, el ser humano puede
realizarlos en un suspiro. De esa manera, el ser humano se aleja
definitivamente de las demás especies, al liberar su relación, y con ello su
dependencia, del medio ambiente.
Por primera vez en la evolución de las especies, la función
de asegurar la supervivencia se traslada a la propia actividad del ser vivo,
con un alto grado de independencia respecto de lo que suceda en el medio.
El rol del trabajo
Ahora que ya hemos examinado los cambios que en el dominio
de lo orgánico han hecho posible la humanización, es hora de plantearnos las
preguntas sobre el origen del Hombre en otro dominio. La estructura biológica
de los seres vivos condiciona el tipo de actividades o de acciones que puede
desplegar en su medio. Se podría decir que la biología se expresa en el
accionar. Entonces, es importante preguntarse qué tipo de actividades pueden
ser específicamente humanas. Cuáles son las que potencian la capacidad de
humanización. Y la respuesta que se ha dado con mayor frecuencia es: el
trabajo. Para muchos, el trabajo ha sido el elemento que permitió, en
definitiva, la humanización. Entendido este como toda actividad transformadora
del medio externo que se hace recurriendo a la utilización de instrumentos
fabricados para ese fin. Primer elemento que nos interesa, entonces, es el
proceso que lleva al homo sapiens primitivo a fabricar instrumentos. Los
hombres fueron, desde muy temprano, fabricantes de utensilios e instrumentos.
Como sostiene Bergson, desde su origen el ser humano fue homo faber. El
instrumento fue, en sus comienzos, una prolongación de los órganos. El palo,
como arma, una prolongación de la mano. Lo mismo el vaso. O la ropa una manera
de espesar la piel para protegerse del frío. Visto desde la perspectiva
del proceso de evolución, la fabricación de instrumentos aparece como un
procedimiento acelerado que sustituye al lento proceso evolutivo de formación
de nuevos órganos como medio adaptativo de una especie.
Obviamente, en sus orígenes, la inteligencia aplicada al uso
de instrumentos aparece como bastante primitiva. Procede por tanteos, por el
método de ensayo y error. Los grandes primates, por ejemplo, a veces utilizan
instrumentos. O, más concretamente, objetos que hacen el papel de instrumentos.
Pero hay diferencias substanciales entre estas capacidades de los primates y lo
que sucede con el ser humano. En primer lugar, los primates utilizan
instrumentos pero no los fabrican; simplemente toman objetos y les dan un uso
instrumental. En segundo lugar, los primates demuestran una gran impericia de
su mano para el uso de los instrumentos. Y, en tercer lugar, los primates hacen
uso muy limitado de esos instrumentos; esto, que es esencial, se debe a su
incapacidad para pensar series de acontecimientos sucesivos y, por ello, su
incapacidad para prever el futuro.
En definitiva, la
inteligencia del primate es tan rudimentaria que, al no permitir su
fabricación, le impide transformar el uso de instrumentos en un fenómeno
social; no le permite socializar esta actividad. Es decir, no en la forma
en que logra hacerlo la especie humana. Porque es cierto que se han hecho
algunos experimentos en los cuales los primates han aprendido a usar
instrumento y luego han transmitido ese aprendizaje a otros miembros del grupo.
Pero el alcance es limitado.
Cuando la inteligencia individual se fortalece en el ser
humano, entonces -y sólo entonces sostienen muchos- la fabricación de
instrumentos se puede socializar de manera permanente y masiva, dando origen a
una actividad que sería esencial en la definición del ser humano: el Trabajo.
En otras palabras, la inteligencia individual es la que genera la posibilidad
de compartir las actividades de transformación de la naturaleza, organizarlas
hasta darles el carácter de producción social y, finalmente, darles sentido de
futuro.
Veamos con un mayor grado de detalle, cómo opera este
proceso que relaciona el desarrollo de la inteligencia con el trabajo. Es
interesante destacar que son justamente los instrumentos que el ser humano ha
fabricado los que nos han permitido conocer, en cierta medida, el proceso de
conformación y desarrollo de su inteligencia. Los primeros homo sapiens son
conocidos por sus restos óseos pero, sobre todo, por sus manufacturas, por los
utensilios de los cuales se servían para satisfacer sus necesidades. Entramos,
así, de lleno al terreno de la antropología. Veamos de qué manera las
características de los utensilios nos han permitido reconstruir la historia de
los primeros seres humanos, aunque resulte difícil correlacionar con exactitud
las sucesivas etapas culturales con los estadios morfológicos de la evolución
humana.
Durante la mayor parte del período cuaternario, los hombres
primitivos se dedican a tallar la piedra, cada vez con técnicas más avanzadas.
Es el período que denominamos Paleolítico. Hacia el final de este período
empiezan a tallar el hueso y la madera. Después del paleolítico, la superficie
terrestre cambia drásticamente: se retiran los últimos glaciares y se dulcifica
el clima, con lo cual mejoran las condiciones de vida de los hombres. En ese
momento se inician actividades que darán otro giro al desarrollo de la
humanidad. Se fabrican vasijas de barro cocido -ya hay control del fuego- se
domestican animales y se cultiva el suelo. Este período se denomina Neolítico,
y corresponde a la consolidación, por así decirlo, del período de humanización.
Todos los datos que se han reunido de este período presentan un cuadro de un
ser humano con un sistema nervioso, con un cerebro cuyas bases son las mismas
que tiene hoy.
A partir del neolítico, lo que hace el ser humano es
desarrollar permanentemente una estructura y una potencialidad que ya había
quedado definida a principios del período. El desarrollo humano ya no tiene
naturaleza orgánica; es un desarrollo psicológico, social y cultural. Es
importante enfatizar este hecho: para construir instrumentos necesita unir la
acción de la mano con la sensación senso-motriz y con la capacidad reflexiva.
Sólo así puede diseñar, puede crear y proyectarse más allá de la acción
inmediata. Y eso sólo puede lograrlo en la medida que se une en su acción a los
demás. En todo caso, es entre el paleolítico y el neolítico que el Homo sapiens
se transforma en constructor de instrumentos. Y este hecho es el que marca la
diferencia.
Cuando juzgamos a través de los elementos artísticos y de las
ceremonias de inhumación del Paleolítico, comprendemos que el homo sapiens ya
era capaz de concepciones abstractas. El arte de las cavernas brinda la
evidencia de que en el paleolítico superior el Hombre ya había desarrollado
enormemente la imaginación, la observación y captaba las similitudes. Pero es
con el desarrollo y auge de la agricultura -que según pruebas encontradas
recientemente, se produce en Palestina unos 8.000 años A.C. y en Inglaterra
unos 3.500 años A.C.- que entramos directamente en el Neolítico, etapa en que
desaparece definitivamente el último homínido y empieza a reinar el homo
sapiens. En suma, desde la perspectiva de muchos antropólogos, la construcción
de instrumentos es la actividad que proporciona la base para la transformación
de la capacidad del cerebro. No falta quien ha sostenido que el utensilio
es el mejor criterio de lo humano. Porque para fabricarlo fue necesaria su
inteligencia y, de algún modo, la refleja. Los arqueólogos y antropólogos han
intentado leer en los instrumentos del pasado la historia del Hombre. Y, hay
que reconocerlo, han hecho grandes aportes, algunos de los cuales hemos
resumido recién.
Hasta aquí hemos descrito un proceso. Preguntémonos, ahora,
cómo surgió biológicamente la posibilidad de fabricar esos instrumentos. Hay
una respuesta que concita bastante consenso. El ser humano fabrica instrumentos
porque posee, en propiedad, dos factores nuevos como especie. En primer
lugar, el pensamiento reflexivo que le permite saber que sabe. Es
decir, tener conciencia de que hay una relación de conocimiento entre él y su
entorno. En segundo lugar una mano cuya estructura polifuncional le permite
construir instrumentos y utilizarlos en toda variedad de funciones. En efecto,
el proceso evolutivo orgánico permitió que en la mano, una vez liberada por la
posición vertical del cuerpo, se concentraran enormes capacidades de acción
para explorar el medio. Pero la mano no sólo explora, también cambia ese medio.
Por su parte, la actividad manual, con todas las capacidades senso-motrices que
implica, acrecentó -desde un punto de vista sistémico- las capacidades del
cerebro. El hacer con las manos, el transformar y construir empleando
instrumentos, no sólo produjo cambios en el medio ambiente sino que comenzó a
generar actividades sociales y culturales. Además, extendió el hábitat del ser
humano a cualquier zona climática. De tal manera que el hacer con las manos es
otro elemento que permite al ser humano independizarse de su medio. Sin el
pensamiento reflexivo no habría podido hacerlo. Pero sin un quehacer
transformador, tampoco lo habría logrado.
Poseyendo un cerebro más desarrollado, el ser humano pudo
aprender a conservar los instrumentos, usarlos para fines variables y, más
importante aún, construirlos. Porque el cerebro le permitía bosquejar acciones,
fundamentadas en hechos, en experiencias del pasado y diseñadas como posibilidad
del futuro. En suma, el trabajo y la fabricación de instrumentos que implica,
están estrechamente ligados al desarrollo de la inteligencia y del pensamiento
reflexivo. Pero aún falta algo. En algún momento dijimos que aislado, solo, el
ser humano no habría logrado este espectacular desarrollo. Esta afirmación nos
lleva de lleno al dominio de lo social. En este trabajo no analizaremos en
profundidad el fenómeno social. Pero lo que sí haremos es centrar nuestra
preocupación en otro fenómeno que se relaciona intrínsecamente con ese dominio,
que tienen sustento biológico y que también se encuentra en la base misma del
proceso de humanización. Nos referimos al lenguaje.
Conciencia y Lenguaje
A pesar del aumento del volumen y de la complejidad del cerebro,
que da al Hombre un potencial intelectual que no tiene ninguna otra especie,
este no hubiera podido alcanzar la condición humana si se hubiera encontrado
aislado. En realidad, algunos van más lejos y señalan que si hubiera vivido
aislado, orgánicamente no habría podido evolucionar como lo hizo, en la medida
que no habría podido emprender la transformación de su medio mediante el
trabajo. En todo caso, sin importar
la dirección que asuma la relación, lo concreto es que el ser humano es lo que
es hoy porque vive en sociedad. La prueba nos la ofrecen, afortunadamente, los
pocos pero sugestivos casos de los “niños-lobos” criados por animales. Como se
sabe, son seres que no logran nunca aprender a hablar; ni siquiera cuando se
les integra a la sociedad. Algunos, incluso, no logran jamás aprender a caminar
en las dos piernas. Este test excepcional ilumina suficientemente la
potencia del medio social sobre el desarrollo de nuestra mentalidad hasta la
generación de la conciencia.
Conviene, antes de avanzar, que aclaremos someramente lo que
estamos entendiendo por sociedad. Partimos de la base que todo tipo de
sociedad -sea esta animal, que también las hay, o humana- corresponde a
una nueva etapa evolutiva que tiene su asiento en el proceso de evolución biológica.
”El reino social -escribía Durkheim, considerado el padre de la
sociología- es un reino natural que no difiere de otros más que por su mayor
complejidad”. Nosotros pensamos, ciertamente, que sin la evolución biológica de
los primeros seres vivos, no habríamos conocido el fenómeno social. Pero
también pensamos que la diferencia es más importante que una mera diferencia de
grado. Hagamos una analogía -entendiendo que como tal tiene limitaciones-
entre lo que sucede en el dominio biológico y en el dominio psico-social.
Sabemos que las macromoléculas se asocian en células, éstas
en tejidos y los tejidos en órganos. Ahora bien, nadie podría sostener que una
célula es, en esencia, lo mismo que el órgano. Sus funciones, su forma de
operar, todo es distinto. El principio es claro: el todo no es igual a la suma
de sus partes. Cambia la funcionalidad, la estructura y la organización. Lo
mismo pasa con el ser humano considerado individualmente. Al surgir el fenómeno
psicológico, mental que hemos estado describiendo, surge un ente
cualitativamente diferente a la mera organización biológica que le sirve de
base. De la misma manera, la sociedad no es la suma de los individuos que la
componen. Más bien representa la unión sinérgica de muchos individuos. Y
decimos sinérgica porque el fenómeno social presenta rasgos que nos permiten
considerarlo como cualitativamente diferente al fenómeno psicológico. En otras
palabras, cuando las personas se juntan dan origen a fenómenos que no pueden
explicarse a partir de mecanismos individuales, sino que tienen sus propios
modos de operar, sus propias regularidades.
Así, las relaciones que unen entre sí a los individuos para
formar la sociedad no se establecen en el plano orgánico sino a nivel de lo
psicológico. A su vez, dos individuos al relacionarse, generan algo que
individualmente no podrían generar. Consideremos ahora el fenómeno de las
sociedades animales como las que forman las abejas, las hormigas y los pájaros.
No cabe duda de que estas
presentan rasgos parecidos a las sociedades humanas: el fenómeno de la
jerarquía, del liderazgo, de la defensa del territorio, etc. Sin embargo, no
son capaces de originar un verdadero fenómeno social, con esencia y calidad de
tal. ¿Por qué? Para muchos esto sucede por la ausencia del lenguaje.
En otras palabras, para muchos científicos -y filósofos- la
base orgánica que permite el desarrollo de la reflexión no habría servido de
mucho si, junto a la inteligencia, no se hubiera desarrollado el lenguaje tal
como se presenta en la especie humana; y ello porque es el lenguaje el que
posibilita el surgimiento del fenómeno social. Sin emitir un juicio sobre esta
propuesta, lo que podemos plantear es que el lenguaje ha jugado un rol clave en
el proceso de humanización. Intentaremos descifrar cómo ha operado esta
relación.
Si volvemos a los capítulos anteriores, podremos apreciar la
fosa que separa a los primeros homo sapiens del ser humano de hoy. Como
dijimos, una fosa más grande que aquella que separa al homo sapiens de su
antecesor homínida. Pero el ser humano saltó esa fosa. En un primer estadio de
desarrollo, podemos observar a un homínida cuya inteligencia es esencialmente
sensomotriz, similar a la señalada por Piaget como atributo de las primeras
etapas del niño. Pero la similitud no es semejanza. El niño desarrolla la
sensomotricidad en un mundo de adultos, donde existen todos los elementos para
que él aprenda a desarrollar su pensamiento reflexivo, abstracto. Existe
conocimiento acumulado por la humanidad, existen pautas estandarizadas de conducta
frente a cada situación, existe la familia y muchas otras instituciones donde
el niño se socializa. El homínida, por el contrario, no es un
niño-adulto como el “buen salvaje” que describían los románticos. Es un ser que
debe consolidar, recién, las estructuras neurofuncionales necesarias para su
desarrollo mental y, paralelamente, debe generar los desarrollos psicológicos
que le hagan posible el pensamiento abstracto. Es aquí donde entra en juego el
lenguaje. Veamos cuáles son los elementos que se van desarrollando y que lo
hacen posible.
En primer lugar el signo. En psicología se le define
como una señal que relaciona un objeto con la persona y a la cual esta le
otorga significado. En el signo hay, así, una intención de quien lo posee o
utiliza de asociar un significado a una señal que proviene del medio. El signo
representa, de esta manera, un primer nivel de abstracción en relación a las
sensaciones. Entre realidad y signo existe una relación, y esa relación se
organiza bajo la forma de estímulo. Este estímulo, en el caso de los animales
permanece a nivel de señal que sirve para desencadenar alguna conducta; puede
tratarse de una respuesta instintiva o de un reflejo condicionado. Se produce
una situación y algo en ella desencadena una conducta en el animal. Ese algo se
ha transformado en señal. Pero no podemos afirmar que el animal ha interpretado
el signo; simplemente ha reaccionado instintivamente ante él. En el caso del
Hombre, la relación entre estímulo y respuesta se hace mucho más compleja. Y aquí
entra en juego un elemento que, como ya hemos señalado, es esencial para la
posibilidad del pensamiento reflexivo: la memoria. El cerebro
cualitativamente más complejo que posee el ser humano le permite desarrollar la
función de la memoria. Y esta permite que, a partir de una señal, él pueda
reconocer el pasado y proyectar imágenes hacia el futuro. Se hace posible, en
definitiva, interpretar, dar un significado a la señal que proviene del medio y
transformarla, así, en signo.
En suma, a partir del signo y de la sensación que le dio origen, y
siempre sobre la base que proporciona la memoria, el Hombre elabora los
contenidos de la sensación y los estructura en una percepción que tiene
significado. En otros términos, a partir del significado asociado al signo, se
enriquece la sensación puesto que se estructura.
Luego, pasamos a otro nivel de abstracción; el significado
puede adquirir una proyección social en la medida que sea compartido, que el
significado sea colectivo. Si continuamos avanzando en los niveles de
abstracción, una vez surgido el signo, se hace posible el símbolo. A diferencia
del signo, que designa una cosa conocida y la recuerda, el símbolo reemplaza a
la cosa. No la expresa sino que la representa, la revela, la descubre. La
función principal del símbolo es capturar la sensibilidad de las cosas,
reemplazar hechos; esto es lo que le permite convertirse en expresión de todo
aquello que no es expresable verbalmente por el individuo. Las pictografías de
la época paleolítica indican que los símbolos nacieron antes que la palabra.
Más aún, existen indicios claros de que en esa época, a pesar de que el hombre
ya tenía las condiciones orgánicas para ello, no existió todavía el lenguaje.
Pero sí los símbolos.
Tenemos, entonces, signos y símbolos. Dos niveles de
abstracción que se franquean a partir del fundamento que proporcionan las
sensaciones. A partir de estos dos niveles, y siempre sobre las posibilidades
que otorga la memoria, se generan lo que podríamos denominar estados de
conciencia respecto del medio. El ser humano ahora puede interpretar la
realidad que vive, las situaciones en las que está inmerso, otorgarles
significado; en definitiva, procesarlas mentalmente. Y esta capacidad de
procesar la realidad mentalmente le abre una posibilidad inédita en la historia
de la evolución: la de elegir la acción que va a acometer; y esta elección da
un dinamismo organizador continuo a ese estado de conciencia. Nos encontramos
con la génesis del lenguaje. Y con la génesis de lo intelectual, del pensamiento
abstracto
Para hablar, es necesario que el Hombre se escape del
espacio concreto, de la sensación y de la percepción, y que diseñe una nueva
estructura de la realidad, una estructura que es obra de él, que es imaginaria.
Es decir, para hablar, el ser humano debe tener la capacidad y la posibilidad
de actuar en un espacio abstracto. Hablar es, de alguna manera, detallar en
instantes sucesivos, lo que puede ser concebido de una vez y en conjunto. El
hablar, podemos decir, revela un universo mental que, si bien surgió del medio,
ya se independizó de él y ahora posee significados propios. Esos significados,
por las habilidades motrices del ser humano, se expresan en palabras. Y esas
palabras configuran universos mentales que sacan al ser humano de espacio y del
tiempo inmediato para llevarlo al pasado y al futuro. Pero esos universos
mentales no se nutren solos. Justamente, su construcción se hace posible porque
el ser humano no está solo. Podríamos decir que la aptitud para hablar está en
la especie, pero la necesidad de comunicar se encuentra en la sociabilidad. El
homosapiens no tuvo, necesariamente, que desembocar en el lenguaje. De hecho,
el hombre de Neanderthal teniendo las aptitudes para hablar, no lo hizo. Pero
la sociedad sapiens no pudo haber existido sin el lenguaje. La percepción
que elabora las sensaciones, pertenece, en lo esencial, al equipo natural del
que está dotado el humano.
El lenguaje, que elabora la percepción, está implícito en lo
social. Llegamos a un punto donde la polémica está lejos de haber sido
resuelta: la relación entre sociedad, conciencia y lenguaje. Para adentrarse en
el tema es útil recurrir, una vez más, a los aportes de Maturana y Varela.
Examinemos un texto de estos autores: “en el dominio del
acoplamiento social y la comunicación… la coherencia y estabilización de la
sociedad humana como unidad… se producirá esta vez mediante los mecanismos
surgidos… a partir del… operar en el lenguaje. Esta nueva dimensión da
coherencia operacional a lo que experimentamos como conciencia y como “nuestra”
mente… las características únicas de la vida social humana … permiten generar
un fenómeno nuevo: nuestra mente, nuestra conciencia, entendida como una
continua concatenación de reflexiones que asociamos, además, a nuestra
identidad”.
Lo que se está planteando, en definitiva, es que sociedad,
conciencia y lenguaje constituyen una indisoluble trinidad. Sería ocioso querer
atribuir a uno de ellos el valor de factor original o predominante. La visión
sistémica de los fenómenos nos ahorra ese vano esfuerzo. Es así como la
aparición del lenguaje en el hombre, genera el inédito fenómeno de lo mental y
de la conciencia de sí como la experiencia más íntima de lo humano.
Ciertamente, sin la evolución histórica de las estructuras
biológicas adecuadas, no es posible entrar en este dominio de la conciencia, de
lo humano. Pero eso no es suficiente. Como fenómeno que forma parte de una red
de relaciones sociales y lingüísticas, lo mental no es algo que esté dentro de
mi cráneo, no es un fluido de mi cerebro. La conciencia y lo mental pertenecen
al dominio de lo social y es allí donde se da su dinámica. Como Robinson Crusoe
entendió muy bien al mantener un calendario y leer a diario la Biblia, la
conciencia de ser humano sólo es posible en la medida que uno se conduce con
otros o como si hubiesen otros: es la red de interacciones sociales y
lingüísticas la que nos hace lo que somos. Ya sea que actuemos en esa red o que
nos refiramos a ella al actuar.
La estructura obliga. Los humanos como humanos somos
inseparables de la trama de relaciones tejida por medio del lenguaje. El
lenguaje no fue inventado por un sujeto solo. Eso no habría sido posible.
Tampoco la conciencia hubiera podido nacer en la soledad de un individuo. Como
señalan estos autores, no es que el lenguaje nos permita decir lo que somos:
humanos. Somos en el lenguaje. Somos humanos por y en el lenguaje. Nos
encontramos a nosotros mismos en la mutua relación que sólo el lenguaje
posibilita. Nos transformamos permanentemente en el seno del mundo social que
con el lenguaje construimos con los otros seres humanos.
Y todo ello nos permite un cambio cualitativo en relación a las
demás especies con las cuales compartimos nuestro mundo: nos hace responsables
de nuestras acciones porque nos permite optar y decidir, basados en nuestra
historia, personal o social, y en función del futuro.
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